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25th ANNIVERSARY
ISSUE
Hispanic Link Weekly Report - OUR 25TH ANNIVERSARY EDITION

ORIGINALLY PUBLISHED SEMANA de Feb. 4 de 1980

DÉCADAS Y MOMENTOS PROPICIOS
Por Armando Rodríguez

¿Usted debe estarse preguntando si los años 1980 serán verdaderamente la década de los hispanos? O si hemos progresado en las décadas pasadas?

Pues ha dado con la persona indicada.

Yo soy experto en las décadas. He vivido ya varias de ellas.

Y no todo el tiempo fui hispano. Por cierto que durante mucho de los ‘60 y de los ‘70 era chicano. Y durante los ‘50 era mexicano-americano.

¿Y antes de eso? Bueno, durante los ’40 era latino y en los ‘30 generalmente me llamaban chico o joven, de vez en cuando Pancho, y en los ‘20 yo era mexicano. Nací en Gómez Palacio, en el estado de Durango.

Es agradable, que aquí en los ‘80 que me consulten. En esas décadas anteriores, nadie se interesaba por mis opiniones, ni mis padres, mis hermanos o hermanos. Yo era el número 13 de una familia de 14 hijos.

En 1930 emigré con mis padres a los Estados Unidos. (Ellos habían migrado dos veces anteriormente por poco tiempo en los años 1911 y 1916). Nos quedamos en El Paso un tiempo y luego nos mudamos a San Diego a mejores climas.

Allí el gobierno americano repatrió a mi padre, que estaba desempleado, y lo mandaron a México. Mi madre, que tenía un trabajo, se quedó al frente de la familia, y con ella nos quedamos algunos de nosotros. Tuvimos que esperar 8 años para volver a ver a mi papa.

De tal manera, yo considero los años ’30 como años de pobreza y de rechazo hacia los hispanos en este país.
Se necesitaba una guerra, pero los ‘40 fueron mejores, mucho mejores, a menos que lo agarraran a uno en trifulca de “zoot suits” como las llamaban. Terminé la escuela secundaria, serví en el ejército y usé mis beneficios de veterano (G.I. Bill) para obtener un título universitario.

Se puede llamar los ‘40 como años en que los hispanos probaron su lealtad y su valentía y despertaron ante las oportunidades educacionales a su alcance.

En los ‘50, me convertí en maestro y administrador y también en asociado. Me asocié al American G.I. Forum, que se inició después de la segunda guerra mundial para ayudar a los veteranos mexicano-americanos. Me asocié a la Urban League, al partido demócrata y a la Community Service Organization (CSO). En la CSO conocí a Fred Ross, un organizador legendario entre los mexicano-americanos, y me impresionaron sus actos y sus palabras.
Anoté los ‘50 como una década en que los hispanos empezaron a conocerse mutuamente.

Los ‘60 se animaron con los tumultos del campo, en las calles, en las escuelas…la huelga de las uvas de César Chávez, el nacimiento de la Raza unida y de los Brown Berets y la toma de la corte por Tijerina.

De 1966 tengo un recuerdo personal, en que me encontraba entre 50 “líderes” mexicano-americanos escogidos por el presidente de la junta, el Sr. Franklin D. Roosevelt, Jr., para reunirnos en Alburquerque, Nuevo México, con representantes de la Comisión de Oportunidades de Igualdad de Empleos (Equal Employment Opportunity Commission).

Fue una vanidad hasta que el avión llegó a su destino. FDR Jr. ni siquiera se preocupó por presentarse. El único comisionado que se presentó, acababa de asumir su cargo. En grupo abandonamos el local, exigiendo una reunión con el presidente Johnson. Unas semanas más tarde, la reunión se llevó a cabo. Yo me cambié de un empleo con el Departamento de Educación de California al Departamento de Educación de los Estados Unidos.
Muchos de los años ’60 los pasamos llamado puertas, y muchas veces con la cabeza.

Los ‘70 me resultaron buenos. Fui presidente de la Universidad de East Los Ángeles, con un cuerpo estudiantil de 20 mil, y estuve allí durante 5 años. Después, el presidente Carter me designó director de la Equal Employment Opportunity Commission, el cuerpo el cual hacía una docena de años, había yo  boicoteado.

Pero ni a todos los hispanos les fue tan bien. A Rubén Salazar, una voz, lo mataron. El crecimiento hispano fue rápido en números, pero inadecuado en logros sociales.

Ahora  vienen los ‘80. Los hispanos jóvenes y bien entrenados, que pueden medir el tiempo y el progreso con momentos propicios, no décadas, están listos. Ellos conocen el lenguaje corporal del Tercer Mundo. Están equipados con sensibilidad cultural y política que traspone altas fronteras con un vuelo.

Si los Estados Unidos olvidaran su “problema hispano” en estos años críticos, si fueran lo suficientemente inteligentes para reconocer sus talentos y explotar su inherente sabiduría, los hispano-americanos ayudarán a encontrar una ruta pacífica a través de una década que probará esta nación como nunca antes se le había probado.

(Armando Rodríguez es miembro de la Comisión de Oportunidades de Igualdad de Empleos.)

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