| Los Hombres Minuto — La Version Tejana, Alrededor de 1825
Josué M. González
| Column No. 4061s |
HISPANIC LINK |
04/24/05 |
Column 1 |
Mientras los vigilantes del proyecto Minuteman (milicianos -- en referencia a la guerra de la independencia de los EEUU – ‘hombres minuto’ traducido literalmente al español) patrullan la zona fronteriza entre Arizona y México durante este mes para impedir que los mexicanos indocumentados crucen la frontera, llegan a mi mente imágenes del pasado.
Hace 180 años, Stephen P. Austin y su ejército de colonos entraron a Texas desde Virginia, Kentucky y Tennessee. Uno de sus líderes, David Crockett, quien había contribuido a forjar la visión del Destino Manifiesto mientras se desempeñaba como congresista, contribuyó a ponerla en práctica al inundar a Texas con colonos blancos indocumentados. Crockett tenía pleno conocimiento de lo que Washington se proponía hacer en términos de la expansión hacia el oeste.
Es cierto que el padre de Austin había obtenido permiso de la corona española para que 300 familias se establecieran en Texas, pero México acababa de lograr su independencia de España y el nuevo gobierno mexicano estaba renuente a honrar el acuerdo.
Además, los seguidores de Austin, que sobrepasaban en gran medida la cifra acordada, se convirtieron en inmigrantes indocumentados sin más derecho a establecerse en el lugar que los inmigrantes mexicanos que entran a Arizona en la actualidad.
Casi todos llegaron fuertemente armados. Estaban deseosos de tener una confrontación con el gobierno central de México, un dato que probablemente Austin no informó a los funcionarios de la Ciudad de México.
El presidente de México, Antonio López de Santa Ana, reaccionó con el uso de la fuerza excesiva. Consideró que si a los colonos se les permitía el libre ejercicio de sus actividades, dominarían a los hispanos que vivían en Texas para esa época, y con el tiempo, se aliarían con los Estados Unidos. La cédula mexicana emitida al grupo de Austin requería que los nuevos inmigrantes se convirtieran en ciudadanos mexicanos – una diferencia importante entre esa época y la actual – pero los inmigrantes indocumentados no cumplieron con esa disposición.
Dado que para esa época las ideas principales del Destino Manifiesto no constituían un secreto para los mexicanos, los temores de Santa Ana no eran infundados, en particular cuando descubrió que los nuevos inmigrantes habían llegado con cañones, cuchillos Bowie, mosquetes y una actitud beligerante y de lucha contra México.
En la actualidad, a diferencia de esa época, los inmigrantes mexicanos no portan armas cuando cruzan el desierto de Sonora y no tienen intención de rebelarse contra los Estados Unidos. Vienen a trabajar.
En realidad, después que se convierten en ciudadanos estadounidenses, muchos se convierten en republicanos, un hecho que no ha pasado inadvertido para George W. Bush y sus asesores. Gracias a Dios por la sensibilidad del presidente. Sin ella, la situación podría ser peor.
Existen diferencias y semejanzas entre estos dos movimientos que se dan con casi dos siglos de separación. Muchos residentes tejanos del siglo XIX (también conocidos como mexicanos) dieron la bienvenida a los recién llegados y los ayudaron a establecerse en el lugar. Comprendieron el valor del trabajo en conjunto para colonizar el área. (Pero tan pronto finalizó la situación desagradable de El Alamo y San Jacinto, los colonos se tornaron contra sus vecinos de habla hispana).
No existen pruebas de que los tejanos fueran hostiles a sus nuevos vecinos, a su lengua o a su cultura.
El contexto es muy diferente al de la situación actual de Arizona, donde se ha prohibido el uso del español en las escuelas y donde se puede penalizar a los funcionarios públicos que hablen español a las personas que atienden.
Los minutemen de Arizona no toman en cuenta el hecho de que los inmigrantes mexicanos, legales o indocumentados, también aportan al desarrollo y a la prosperidad de las ciudades y estados a los cuales llegan en busca de trabajo.
El hecho de que los minutemen patrullen la zona fronteriza armados con revólveres de seis tiros sugiere que esperan enfrentamientos con armas de fuego de parte de los inmigrantes. Además, no existen pruebas de que los inmigrantes mexicanos de nuestra época sean menos trabajadores que los colonizadores de principios del siglo XIX. Tampoco hay pruebas de que les quiten los empleos a los minutemen ni a ninguna otra persona. Tampoco les roban los servicios sociales que sólo se brindan a los ciudadanos estadounidenses o a las personas que cuentan con la residencia legal. Los estudios demuestran todo lo contrario.
Documentados o indocumentados, los inmigrantes mexicanos pagan los mismos impuestos a los estados y al gobierno federal que el resto de nosotros. No pueden evadir el pago de los impuestos sobre las ventas. Lo mismo aplica a los descuentos de nómina que les hacen para pagar impuestos sobre los ingresos y para el Seguro Social.
Los minutemen y sus simpatizantes parecen haber olvidado su historia. Muchos de ellos no estarían, en la actualidad, en el suroeste si sus propios antepasados no hubieran cruzado la frontera de Texas ilegalmente.
Así que, si hubiera habido hombres minuto en Texas para esa época, ¿cuál hubiera sido su función? Probablemente hubieran sido precursores de las damas de los vagones de bienvenida de nuestra época. “Bienvenidos, amigos, por favor, sean bien recibidos aquí. Ojalá que todos podamos prosperar y trabajar juntos como vecinos”.
Como tejano de tercera generación, nacido en los Estados Unidos, no cabe sino preguntarme, ¿no cometerían un error, mis antepasados de esa época. al ser tan extremadamente hospitalarios?
(Josué M. González se desempeña como profesor de educación en la Universidad del Estado de Arizona en Tempe. Comuníquese con él por correo electrónico a: Josue@asu.edu)
© 2005, Hispanic Link News Service
04/24/05
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