| Corky Gonzales Lidero el Movimiento Chicano
Tomás Romero
| Column No. 4062s |
HISPANIC LINK |
04/24/05 |
Column 2 |
Ya siento mis pies en el camposanto.
— mi abuelo, Juan de Jesús Romero
Llega un momento en la vida en que uno comprende que la mayor parte de su vida ha pasado. Un momento en que has conocido a casi todas las personas importantes que estabas destinado a conocer, o que has presenciado todos los acontecimientos grandiosos que debías presenciar.
Hoy es ese día.
Conocí la guerra de Vietnam y el movimiento chicano muy de cerca y de manera personal.
Conocí al padre del movimiento chicano, Rodolfo “Corky” Gonzáles.
Ahora Corky ha fallecido por causa de una insuficiencia coronaria a la edad de 76 años. Todo fue participar, ganar y despedirse: adiós, mi gente.
Cualquiera que vea el canal de historia sabe que entre Alejandro Magno, Cortez, Aníbal, Juana de Arco, Jesucristo y Su Santidad, Juan Pablo II existían más semejanzas de carácter que desemejanzas. Los líderes son orgullosos, arrogantes, decididos, visionarios, imperfectos e inclinados a tener momentos de melancolía, temor y duda. En resumidas cuentas, son humanos. Y todos tienen pies de barro.
Corky Gonzáles ha sido uno de los dos o tres hombres grandes que he conocido en mi vida. El también tenía pies de barro. Dejemos que los futuros historiadores repasen muy detenidamente los capítulos de su vida. La mayoría no descubrirá algo que yo ya no conozca y todos ellos expondrán algo incorrecto.
Si usted le cree a Víctor Hugo, pensará que el cambio social se da cuando llega el momento, cuando las masas desesperadas se levantan para crear una revolución, como sucedió con la Revolución Francesa.
Otros creen en la filosofía del “gran líder”. Creo en ambas filosofías. El movimiento chicano se dio porque Corky Gonzáles estaba preparado para la gente y la gente estaba preparada para él.
Los latinos de épocas más recientes pueden encogerse de hombros y sugerir que han alcanzado sus metas solos, pero sé que no es así. Una mano sola no se lava. Independientemente de que usted fuera soldado raso, soldado de infantería o uno de los grandes del movimiento chicano, sabe que Corky dominaba el escenario, que era el catalizador de casi todas las batallas libradas.
Sólo puede mencionarse el nombre de César Chávez junto con el de Corky.
Sin embargo, estaba más en boga sentir simpatía y admiración por César. De la misma manera estaba de moda sentir más simpatía por el Dr. Martin L. King Jr. que por Malcolm X.
Corky no se sentaba contigo a tomar una taza de té. Te agarraba por el cuello y te preguntaba por qué criticabas la maldita cosa.
Corky ayudó a muchos de nosotros a descubrir nuestros cojones. Algunos de nosotros nos convertimos en agitadores valientes y edificadores y algunos de nosotros llegamos a ser cabrones que utilizamos El Movimiento para conducirnos de manera egoísta y patológicamente extraña.
En pleno auge, Corky y el movimiento chicano fueron brillantes, y ¡oh! tan impresionantes! Recuerdo cómo latían mis sienes con emoción mientras Corky encabezaba, a través del centro urbano de Denver, la primera marcha en conmemoración del 16 de septiembre. En esa época, no era un desfile. Era una marcha de protesta de miles de personas. Y a la marcha no la seguía un grupito de escogidos, sentados en la carpa corporativa de personas muy importantes, bebiendo cervezas.
Nadie hizo tanto como Corky: la marcha, realizada en Los Angeles, de Moratoria Chicana contra la guerra, las conferencias nacionales para estudiantes, el discurso intelectual emplazando a los estudiantes universitarios chicanos a hacer algo, el apoyo a los derechos de los agricultores y la capacitación política.
Nos dejó I Am Joaquín, uno de los dos grandes poemas escritos por y para los chicanos. Sólo Stupid America, de Lalo Delgado, puede comparársele.
Sin embargo, el poema de Lalo era una oración, mientras que I Am Joaquín era un rugido furioso, un himno de liberación tan poderoso y profundo como la protesta fijada por Martin Luther en la puerta de una iglesia. Martin Luther, Gandi y la Madre Teresa buscaban cambiar el orden mundial.
Corky cambió el orden estadounidense. Si usted se está preguntando cómo los latinos llegaron a ocupar el lugar que ocupan en la actualidad, la razón es porque un valeroso y apasionado guerrero de tez cobriza una vez gritó: ¡”No más, no más”!!
(Tomás Romero se desempeñó como columnista del Denver Post y ha sido, durante largo tiempo, columnista colaborador con Hispanic Link News Service. Comuníquese con él a: romerotr@juno.com.)
© 2005, Hispanic Link News Service
04/24/05
FIN |