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A los Reclutadores Militares
Se les Cae la Baba por la Juventud Latina

Column No. 4104s HISPANIC LINK 07/31/05 Column 2

De nuevo, G.I. José al rescate.

No es de sorprenderse que se convoque a los latinos – sigilosamente – a hacer lo que no quisiera la mayoría de los estadounidenses que siquiera consideraran sus hijos – alistarse en la fuerza militar de los Estados Unidos.

Con la reciente declaración del presidente Bush que los Estados Unidos nunca pondrá un límite de tiempo a la salida de las fuerzas armadas de Irak, el Departamento de Defensa no tiene más opción que la de armarse con todo su arsenal para elevar los números anémicos mensuales de reclutas – hazaña harta difícil sin la ayuda desproporcionada de los latinos.

Y no se quedan de brazos cruzados.

Mientras que la Guardia Nacional del Ejército está por cumplir el décimo mes consecutivo de fracaso en cuanto a su meta de reclutamiento, el Pentágono hace poco confesó haber desarrollado una super base de datos para seguir a los estudiantes de secundaria tan jóvenes como de 16 años con el fin de mejorar sus esfuerzos de reclutamiento. Pidiendo asistencia de BeNow, Inc., con base en la costa este estadounidense, los militares recogerán información que va desde la etnicidad hasta el tipo de clase que lleva cada estudiante.

No hay lugar donde este esfuerzo cobra mayor ansiedad que en la comunidad latina, de la que los hispanos fueron muertos de manera desproporcionada en la fase inicial de la guerra en Irak, según investigadores de la Universidad de California.

El Departamento de Defensa niega haber ido detrás de ningún grupo étnico, pero entonces, ¿por qué ha hecho precisamente eso la información que se recogió y se distribuyó a los reclutadores?

Aproximadamente 11 por ciento de la fuerza militar de los Estados Unidos es hispano, lo cual representa casi el 18 por ciento de la línea de fuego, según el Departamento de Defensa. Dadas estas cifras, no sorprenderá que 40 de los primeros 100 soldados y marines de Texas en morir en Irak eran hispanos.

Aún así, puede haber razón de pensar que se emocionan con sus prospectos los reclutadores que operan entre las comunidades latinas.

Primeramente, los meros números de jóvenes latinos saltan a la vista. Desde que los latinos sobrepasaron a los afro-americanos como el grupo minoritario más numeroso en los Estados Unidos hace cinco años, uno de cada siete muchachos de 18 años es de origen hispano, según el Censo del 2000.

Al ser casi el 14 por ciento de la población de los Estados Unidos, con el tercio menor de 18 años, hay muchos posibles reclutas latinos.

Segundo, los reclutadores militares saben que algo más de la mitad de todos los latinos se gradúan de la secundaria, lo cual crea pocas oportunidades para muchos después de egresar del sistema de escuelas públicas. El enfoque de los militares con este problema es de alentar a los nuevos reclutas a continuar sus estudios secundarios en el servicio militar.

Tercero, los jóvenes latinos tienen una de las cifras más altas de desempleo en los Estados Unidos, donde uno de cada cuatro vive en la pobreza. Con el que reciban tres comidas sólidas al día, no tener que pagar casa, y la oportunidad de ahorrar para ir a la universidad, el tener que cargar con armas en una región remota del mundo no suena del todo mal.

Cuarto, la promesa de ciudadanía estadounidense acelerada para los que no son ciudadanos ha seducido a muchos jóvenes a alistarse. Desde que el presidente Bush firmó una orden ejecutiva en el 2002 haciendo más fácil y más rápido el proceso de naturalización para los que no son ciudadanos, miles se han registrado. Hoy más de 35,000 no ciudadanos, en su mayoría hispanos, están activos en las fuerzas armadas. Desgraciadamente, algunos de ellos, como José Gutiérrez, de Guatemala, recibirán la ciudadanía pósthumamente.

La quinta razón requiere de un poco más de explicación.

Con la firma del presidente en el 2002, la ley “Ningún niño se queda atrás” obliga a los administradores de escuelas a proveer listas que contienen los nombres, las direcciones y números de teléfono de los estudiantes a los reclutadores militares.

La ley permite que los padres opten por no poner la información de sus hijos en las listas con completar una serie de formularios que los estudiantes reciben a comienzos del año escolar. La American Civil Liberties Union recientemente entabló un juicio en Albuquerque contra las fuerzas militares por no dar a los padres las cartas que explican su opción sino después que los reclutadores habían conseguido la lista.

Algunos padres firman las cartas a la vez que intensifican su lucha por sacar a los reclutadores del todo de las escuelas secundarias.

Preséntese G.I. José.

Muchos padres latinos, en particular inmigrantes recientes, no saben leer inglés y pueden no saber que existen tales provisiones legales, lo cual los deja en desventaja en cuanto a proteger a sus hijos de los reclutadores militares. Aún así, muchos padres tal vez no se opondrían al gobierno por temor a perder su residencia – aun si sus hijos son ciudadanos de los Estados Unidos.

Así se encuentran los jóvenes latinos sobre-representados en aquellas listas.

Con más de 1,750 tropas muertas y unas 13,000 heridas en Irak, a los reclutadores no les queda otra opción que seguir buscando a latinos para llenar sus filas.

(Edward Barrios Acevedo es consejero, maestro y escritor independiente que vive en Los Angeles. Comuníquese con él por correo electrónico a: Edwardfactor@yahoo.com)

© 2005, Hispanic Link News Service
07/31/05
FIN

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