| En Este Dia del Trabajo
Demosle un Abrazo al Inmigrante
Edward Barrios Acevedo [Photo]
| Column No. 4118s |
HISPANIC LINK |
09/04/05 |
Column 1 |
Los Estados Unidos se fundó con base en la mano de obra barata.
Fueran siervos europeas, indígenas norteamericanos, inmigrantes chinos, esclavos africanos o campesinos indocumentados de México, cada generación, desde que los primeros europeos dieron con este continente, ha gozado de los frutos de la mano de obra barata.
Hasta hoy, se ven las ventajas por todas partes: desde la ensalada Cobb que como hasta el vino que bebo, la camisa planchada que llevo, a los caminos que recorro, he recogido beneficios más allá de lo que podré pagar en toda una vida.
Hoy, en su mayoría son inmigrantes los que nos proporcionan la mano de obra barata. Son pobres, armados de poco inglés, y trabajan los campos desde las Carolinas hasta California. Recogen las mesas en Chicago y lavan los platos en Denver; son taxistas en Washington, D.C., y obreros en un sinfín de trabajos más por todo el país.
Obran calladamente, aveces en la penumbra por ser indocumentados. No obstante, se merecen un saludo este Día del Trabajo, quizá hasta un abrazo. Sean de Serbia o de Guatemala, los inmigrantes de todo el mundo siguen llegando aquí en busca de la oportunidad de realizar sus sueños, que tal vez no habría sido posible en su tierra de origen.
Vienen ojos bien abiertos y nerviosos de docenas de países. Millones hacen los trabajos más bajos, logran educarse, y con tiempo abren su empresa, y – mediante tribulaciones – se trazan una vida mejor, haciéndose de a pocos parte de este país.
Los inmigrantes, con familias como la tuya y la mía, arriesgan todo por venir aquí – cruzan desiertos ardientes, navegan alta mar en balsas improvisadas, o se dejan encerrar en contenedores de carga con la esperanza y el deseo ferviente de llegar a salvo.
Quizá sus historias deberían inspirar en nosotros todo lo bueno y honrable. Lo que hace de nuestra tierra un destino tan atractivo a los inmigrantes del mundo no tendría que provocar entre nosotros el miedo o el resentimiento.
Sin embargo, lo hace.
Para muchos, los recién llegados no son dignos más que de desprecio, vistos con gran sospecha, denigrados y categorizados con todo tipo de estereotipo imaginable.
Será la consagración de su travesía, pero se amontonan las manidas acusaciones contra los inmigrantes hoy: que se llevan nuestros trabajos, son peligrosos, tienen demasiados hijos, se tragan los servicios – desde las camas en el hospital hasta las escuelas y las cárceles.
Se yerguen los mismos grupos ciudadanos temerarios, con nombres mejor sonantes como “Save Our State” en California, en busca siempre de un pleito. Lo mejor que ofrecen incita lo peor en nosotros.
Y sigue su marcha la realidad – si bien en los huertos y campos, los edificios de oficinas o lotes de construcción – los inmigrantes de hoy, como los que los precedieron, llevan la antorcha de nuestra identidad: La tierra de la libertad y de la oportunidad que se une bajo el precepto que todo ser humano tiene el derecho de buscar su felicidad.
Tal vez la novelería de ser un país tan asombroso mengüe con el paso de las generaciones que se van asimilando. Quizá evolucionen los sueños, se vuelvan más grandes, aveces con arrogancia. Ya no es digno tener un trabajo de salario mínimo.
He visto tal actitud con frecuencia durante los años que he sido maestro de secundaria, cuando a la mayoría de los estudiantes no se le ocurriría unirse a los procesadores avícolas del sur, o a los migrantes en las carnecerías del centro oeste del país, o las maquiladoras en el este de Los Angeles.
Si bien en este país se valora el trabajo fuerte, de hecho no valoramos a los inmigrantes que trabajan fuerte. En realidad, hasta los despreciamos.
Las palabras que publicamos, los grupos que organizamos, y las políticas hipócritas que legislamos ponen de manifiesto otro patrimonio: el ser nada mejor que los lugares que alguna vez dejaron nuestros ancestros.
Somos más que eso. Los inmigrantes de hoy nos recordarán cómo somos.
(Edward Barrios Acevedo es columnista independiente, maestro y consejero en Los Angeles. Comuníquese con él por correo electrónico a: Edwardfactor@yahoo.com)
© 2005, Hispanic Link News Service
09/04/05
FIN |