| Yin y Yang, A lo Latina
Marisella Veiga [Photo]
| Column No. 4125s |
HISPANIC LINK |
09/18/05 |
Column 2 |
| Mes de la Herencia Hispana, sept. 15 a oct. 15 |
Yo iría a la universidad como lo había hecho ella, me dijo mi madre cuando yo estaba en el octavo grado. La mejor razón por hacerlo era preventiva: podría entonces mantenerme a mí misma y a mis hijos en caso de divorciarme.
Ah, el temido divorcio, la difícil ruptura de la familia tradicional latina – particularmente difícil para las latinas. Mi madre conocía de matrimonios infelices: el esposo bueno-para-nada, la esposa queriendo zafarse…pero, ¿cómo? Y si lo hacía, si se iba, ¿qué resultaba? La pobreza y el aislamiento social.
Una educación superior al mínimo menguaba los problemas económicos de una mujer divorciada.
Lo que no hablamos mi mamá y yo fueron las alternativas. ¿Qué hacían las mujeres – con o sin educación formal – que no estaban casadas o que no se casaban? Aunque ofertas no me faltaron en mis años coquetos, no me casé sino hasta los 43 años. Pasaron bastantes años sin que tuviera protección masculina, ya que dejé la casa de mi padre y el cónfort de mis dos hermanos al ir a estudiar a la universidad a los 19 años.
Siempre me fue bien en la escuela. No obstante, el entender el “qué hacer” de cuidarme a mí misma aprendiendo según los papeles tradicionales de los hombres, cosas que les venían naturalmente a mi papá y a mis hermanos, me llevó mucho tiempo.
Lo fácil fue echar la basura de la cocina al gran cubo de plástico y rodarlo hasta el reborde para que la recogieran cada semana. Ganar dinero, administrar finanzas, comprar propiedad y mantenerla fue mucho más difícil. Había veces que pensaba que no podría continuar.
Cuando acabé la escuela graduada (en poesía, nada menos), no pude encontrar trabajo a tiempo completo en el mundo académico, en el que la mayoría de escritores literarios de los Estados Unidos buscan refugio.
Sin embargo, había aprendido que los escritores latinoamericanos trabajaban mayormente como periodistas. Me mudé a Puerto Rico y me convertí en reportera de negocios independiente. Se expandió mi vocabulario en inglés y español: hipotecas, costos de cierre, planes de pensiones, reforma impositiva, diferir impuestos. No ganaba suficiente dinero para ahorrar, pero tenía idea de lo que podría hacer con él si algún día me llegara. Esa educación fue vital.
Mi padre, contador público certificado, me enseñó a hacer el balance de mi cuenta corriente. Aunque él podía completar los formularios de mis impuestos y entregarlos, no lo hacía. Me mandaba a su contador: yo todos los años firmaba un cheque para sus servicios.
Compré un auto nuevo y pagué al vendedor intereses exhorbitantes porque no tenía quién me guiara. Cuando llegó el momento, contraté a mi propio corredor de bienes raíces, agente y abogado. Acepté el consejo de estos profesionales, de particular importancia en el caso del abogado.
Como propietaria de casa soltera, no me preocupaba del diseño interior o de ofrecer cenas divertidas. Estaba sobreponiéndome al miedo al cortacéspedes estacionado en mi sala de estar. Mi amigo John me explicó lo que podía hacer por el teléfono. También dijo, “¡Tú lo puedes hacer!” Le devolví la llamada cuando había cortado el césped.
Cuando compré la casa en Homestead, Florida, mis hermanos vivían fuera del estado y mi papá vivía en Miami. Durante una temporada de huracanes, parecía que a Homestead le volvería a caer. Llegó mi amigo Cameron con planchas de madera en su camioneta y cubrió las más vulnerables de mis ventanas. Ese año ahorré $3,000 para comprar postigos de aluminio para las ventanas, para que yo, todavía soltera, pudiera proteger mi propiedad y a mí misma.
En resumidas cuentas, aprendí a manejar una piqueta para cultivar frutales antes de cambiarle el pañal a nadie. Por lo que me habían criado a lo tradicional, naturalmente, añoraba la comida hecha en casa, un hogar limpio y acogedor, y tiempo para tratamientos de belleza extendidos. Hoy tengo más tiempo para dedicar a tales pasatiempos, pero sigo cortando yo misma el césped.
(Marisella Veiga, de San Augustín, Florida, es escritora independiente y columnista de Hispanic Link News Service. Hace poco celebró su cuarto aniversario de bodas. Comuníquese con ella por correo electrónico a: mveiga@aug.com)
© 2005, Hispanic Link News Service
09/18/05
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