| Ademas de Pionero, Ed Roybal era uno de Nosotros
Raúl Reyes
| Column No. 4146s |
HISPANIC LINK |
11/06/05 |
Column 2 |
En 1967 mi padre trabajaba en un banco en el este de Los Angeles. Recibió una llamada del director del banco, Ed Roybal. El entonces congresista le dijo, “Oye, Adolfo, baja, baja rápido. Está aquí Bobby Kennedy”. Mi padre se apresuró en llegar al centro de la ciudad, donde encontró en pleno auge una manifestación contra la pobreza.
Después mi papá esperó con Roybal mientras se acercaba Robert F. Kennedy (RFK), rodeado de admiradores y asesores.
“Oye, Bobby”, saludó Roybal, arrastrando las vocales, “¿Cómo te va?” Roybal señaló a mi papá. ¿Conoces a Adolfo Reyes, verdad?” Mi padre se encogió por dentro, ya que la única vez que se había reunido con RFK fue entre una inmensa muchedumbre en una manifestación parecida el año anterior. Con una sonrisa, Kennedy le tendió la mano.
“Sí, claro que nos conocemos. Claro.” Los tres charlaron unos minutos hasta que siguió su camino Kennedy. Conociendo a mi papá, de hecho estaba levitando de la emoción.
De niño, aunque oí con frecuencia esta historia, nunca le di la debida atención. Yo sabía que Ed Roybal era importante, ya que su nombre aparecía en las placas y en edificios por todo nuestro barrio, como en la clínica que ofrecía pruebas de enfermedades de transmisión sexual confidenciales y gratuitas. Yo sabía que él era mexicano como nosotros. Más allá de eso, sólo tenía una vaga idea de lo que había logrado.
En realidad, Edward R. Roybal fue pionero de la política latina en los Estados Unidos. Durante su larga carrera de servicio público, abrió camino luchando por los derechos de las personas de color, las mujeres, y las personas de la tercera edad. Hasta que falleció a los 89 años, el 24 de octubre, era una leyenda viviente para la comunidad mexicana-americana.
Nació en Nuevo México en 1916 y sirvió en el Cuerpo Civil de Conservación y en el ejército, y estudió en la Southwestern University y en la Universidad de California en Los Angeles. Cuando ganó un escaño del concejo de Los Angeles en 1949, fue la primera persona de ascendencia mexicana en hacerlo desde 1881. En la primera reunión del consejo, se le presentó como “nuestro nuevo concejal mexicano que también habla mexicano”.
En más de una década como concejal, Roybal luchó contra la brutalidad policíaca y se opuso al tratado de tierras que dio a los Dodgers su hogar en Los Angeles a costa de los residentes predominantemente mexicano-americanos del área.
En 1962 Roybal fue electo a la Cámara de Representantes, el primer hispano de California en servir desde 1879. Como congresista, cabildeó con éxito para obtener los fondos para mejorar los servicios médicos y sociales para inmigrantes. En 1967, redactó la primera propuesta de ley de educación bilingüe de la nación, que estableció clases de inglés para niños migrantes y ayudó a terminar con la práctica de apartar a los niños que no hablaban inglés a los cursos para estudiantes atrasados.
Como cualquier político, Roybal no era perfecto. La Cámara lo reprendió después de aceptar $1,000 de un cabildeador coreano en 1978. Sin embargo, ese mismo año, sus electores andaban de buenas con él, dándole la reelección con un 70% del voto.
Durante la década de los ochenta, Roybal era activo de parte de las personas de la tercera edad y de los veteranos como dirigente del Comité Selecto de la Cámara sobre asuntos de la tercera edad. Fue fundador de la Asociación Nacional de Representantes Latinos Nombrados y Elegidos (NALEO por sus siglas en inglés) y co-fundador del Caucus Congresional Hispano, sirviendo de su primer director.
Roybal desde temprano promovió la asignación de fondos para la investigación del SIDA, exigiendo que hubiera más fondos de la administración de Reagan, aunque no fuera una posición popular. Para 1985 había logrado aumentar la financiación de programas de investigación del SIDA de $17.6 millones a $176 millones.
En sus años finales, Roybal nutrió a una generación joven de dirigentes hispanos. Ayudó a lanzar las carreras de Gloria Molina, supervisora del Condado de Los Angeles, de Art Torres, director del partido demócrata para el estado de California, y la de su propia hija, Lucille Roybal-Allard, congresista ahora ella misma. (Al jubilarse del Congreso en 1992, Roybal perdió la oportunidad de servir junto a su hija, quien fue electa ese mismo año, en noviembre).
Como símbolo de la esperanza y el éxito de los hispanos, Edward Roybal transformó el horizonte político de esta nación. Promovió las libertades civiles y protegió los derechos de los desventajados.
Pero su legado más duradero vive en el corazón de personas como mi padre. Papá siempre admiró a Ed Roybal, a quien llamaba “un buen tipo”. Y, si bien no llegué a apreciar de lleno el impacto que tuvo Roybal ni su importancia sino hasta de muy mayor, concuerdo con mi padre de todo corazón. Roybal era un buen tipo, uno de nosotros, y de él estamos todos muy orgullosos.
(Raúl Reyes es columnista contribuyente con Hispanic Link News Service. Comuníquese con él por correo electrónico a: rarplace@aol.com)
© 2005, Hispanic Link News Service
11/06/05
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