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Una Union Desigual

Column No. 4160s HISPANIC LINK 12/04/05 Column 4

Después del primero de octubre, cuando entró en vigencia la ley del estado de Connecticut que otorga el derecho a una unión civil a parejas homosexuales, mi pareja Susan y yo debatimos el problema: ¿debemos dar nuestro apoyo a este hito de legislación civil, o esperar (como han decidido hacer algunos amigos) un momento en el futuro en el que se espera que el estado legalice el matrimonio homosexual?

El que no entremos en una unión civil nos privaría de los derechos legales que ahora están a nuestra disposición. También implicaría hacer caso omiso de los esfuerzos extraordinarios de cientos de voluntarios y legisladores que han culminado en esta ley que otorga muchos de los derechos a parejas homosexuales a los que sólo tienen derecho ahora las parejas heterosexuales.

El problema para los homosexuales y los que apoyan el concepto del matrimonio homosexual es que la legislación referente a las uniones civiles omite la palabra “matrimonio”. Esa sola palabra representa un mundo de diferencia, no tanto en términos de los derechos civiles, sino en el que la sociedad acepte quiénes somos.

Este año yo observaba fascinada las audiencias del Comité Judicial sobre la legislación referente al matrimonio homosexual. Los opositores ofrecían testimonio muchas veces hiriente y errónea en términos históricos, albergándose en terminología bíblica y doctrina religiosa. Los que apoyan la propuesta – parejas heterosexuales, hijos de personas homosexuales, algunas autoridades religiosas y personas de la comunidad homosexual – hablaron de los derechos civiles y la igualdad para todos los ciudadanos.

Mi pareja, Susan, ofreció testimonio a favor del matrimonio homosexual. Narró las muchas reuniones familiares en celebración de matrimonios en las que ella y su hermana, también homosexual, se sentían relegadas a sólo observar, esperando el momento en que ellas, también, podrían disfrutar del reconocimiento estatal de sus relaciones de muchos años. Cuando se legalizó el matrimonio homosexual en Massachusetts, la familia al fin pudo celebrar el matrimonio de su hermana – después de 33 años.

En Connecticut no tuvimos la misma suerte.

Después de aprobarse la ley de unión civil, Susan y yo asistimos al programa “Uniones Civiles 101”, que presentó la abogada Maureen Murphy, auspiciado por la coalición Love Makes a Family (Una familia se hace con amor). La reunión fue interesante.

Eramos jóvenes y viejos, bien vestidos o de shorts y sandalias, y representamos a muchas etnicidades y razas. Muchos estaban de la mano con su pareja, intentando descifrar cómo su vida cotidiana se vería afectada al entrar en una unión civil. A pesar de la emoción palpable en el salón, era claro que muchos estábamos con pena que se siga definiendo el matrimonio como un acto realizable sólo entre un hombre y una mujer.

El día que se aprobó la ley de unión civil, Anne Stanback, la muy elocuente presidenta de Love Makes a Family, declaró: “Hoy celebramos este paso adelante. Mañana comenzamos de nuevo a obrar por el día en que no haya dos colas en la municipalidad – una para ellos, una para nosotros – sino una sola cola para todas las parejas amorosas y comprometidas de Connecticut que lleguen en busca del reconocimiento, las protecciones y las responsabilidades que implica el matrimonio. Es una visión amplia, grande, pero una visión que abarca la necesidad de la igualdad de derechos, el deseo y lo que merece tener todo ciudadano de Connecticut”.

Susan y yo hemos decidido asumir el reconocimiento legal de nuestra relación y comprometernos en una unión civil.

No obstante, seguiremos obrando por hacer del matrimonio una unión entre dos adultos, sin tomar en cuenta su género. Cuando se aísle el matrimonio civil de su nicho religioso artificial, entonces nosotras también sentiremos que hemos logrado igualdad de derechos ante la ley.

Si el pedir a alguien, “¿Te unirás civilmente conmigo?” no suena precisamente correcto, es porque no lo es.

(Bessy Reyna es escritora independiente cuya columna mensual sale publicada en el Hartford Courant. Comuníquese con ella por correo electrónico a: bessy_reyna@hotmail.com, o por teléfono al 860-241-3165)

© 2005, Hispanic Link News Service
12/04/05
FIN

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