| La Navidad Revive Muchos Recuerdos de Indole Cultural para los Latinos
Raymond Rodríguez
| Column No. 4163s |
HISPANIC LINK |
12/11/05 |
Column 3 |
Las fiestas navideñas son una época en la que los latinos recuerdan su herencia y cultura únicas. Sin embargo, cada año hay más países latinoamericanos que adoptan el estilo norteamericano de celebrar la Navidad. Papa Noël, árboles de Navidad y el intercambio de regalos se incorporan con insistencia en las tradicionales posadas y otras celebraciones antiguas y honradas. Se observa con preocupación que los latinos se están volviendo muy agringados.
En realidad, la aculturación de la Navidad es un camino de doble vía. No hay mejor ejemplo que la omnipresente piñata. Pase a ver cualquier tienda de útiles y materiales para fiestas y del techo habrá colgadas piñatas de toda descripción concebible. Las piñatas, alguna vez reservadas para los eventos festivos especiales, se incluyen ahora en toda ocasión celebratoria. Su hechura y contenido varían entre lugar y lugar, pero lo divertido de romperla y correr a recoger el botín son lo más entretenido de muchas celebraciones.
Otra tradición latina de rápida aceptación es la tamalada de toda la vida, evento que reúne a familias con el fin de producir la tradicional delicia,
el tamal. Hay tanta variedad de tamal como de familia que los hace. Cada tanda es única. Cada familia tiene su propia matriarca quien dictamina cómo se debe hacer los tamales. La receta tradicional es uno de los regalos más cotizados que una madre puede compartir con su hija.
Celebración que adquiere adeptos es la fiesta del 12 de diciembre en honor a la Virgen de Guadalupe, santa patrona de México y todas las Américas. Cada año celebran más y más familias novenas en su honor, y se van haciendo más elaboradas las festividades. No hay otro santo con tantas canciones y oraciones compuestas en su nombre, ni tan reverenciado como es la Virgen Morena. Su imagen adorna incontados hogares y altares que le rinden cariñoso homenaje.
Tan importante como las festividades y celebraciones religiosas es la variedad de alimentos que se prepara durante las navidades. Los tamales son sino una de las delicias que colman nuestros hogares de aromas. Recuerdo aún los buñuelos y su sabor crocante que preparaba mi mamá. Se derretían en la boca. También favoritos en nuestra casa eran el pozole y el atole, además de colaciones crocantes con su centro sabor a anís.
Las decoraciones que ponemos también son únicas. Las luminarias, guiando la entrada de la casa, se han reemplazado mayormente con luces eléctricas de Navidad. El nacimiento con el Niño Jesús y la Familia Sagrada es el centro y el foco de atención. Su importancia se amplía con el rito de las posadas que empieza el dieciséis de diciembre y que termina en la Nochebuena, en representación de la búsqueda sin éxito de cobertura de María y José, al no haber lugar para ellos en el albergue.
El desfile lo guían dos niños, por lo general, y las posadas permiten que las familias y los vecinos se únan en una alegre celebración.
Al volverse internacional la Navidad, también se ha alterado el intercambio de regalos. En las familias de orientación tradicional, no se intercambia regalos el 25 de diciembre, sino el seis de enero, en conmemoración de la llegada de los Reyes Magos al pesebre. Algunos niños escriben una carta a Papa Noël, otros a los Reyes con la esperanza de recibir regalos en ambas festividades.
Sean cuales sean las transformaciones y las innovaciones, la razón por la que la época sigue siendo especial es constante: El nacimiento del Príncipe de la Paz nos recuerda a todos de nuestra hermandad y hasta qué punto nos fiamos no sólo de nuestra familia inmediata sino también de toda la humanidad para nuestro bienestar.
La paz y buena voluntad a cada persona implica a todos nosotros. Como con frecuencia me decía mi mamá, “¡Todos somos hijos del mismo Dios!”
Es cierto que debemos disfrutar del ambiente festivo de la Navidad, pero no debemos olvidar el fundamento religioso de la fiesta. Sin el nacimiento de Cristo, no seríamos cristianos. Y el ser cristiano implica mucho más que simplemente persignarnos y profesar nuestra fe.
Cómo vivimos la vida diaria es testigo de si el verdadero espíritu de Navidad vive en nosotros el año entero. El compartir y el amar no conocen fronteras ni épocas.
(Profesor jubilado Raymond Rodríguez vive en Long Beach, California. Comuníquese con él por correo electrónico a: rayrodriguez@earthlink.net)
© 2005, Hispanic Link News Service
12/11/05
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