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Espectros Inmigrantes Preparan
Al Representante Ebenezer para el Año Nuevo

Column No. 4170 HISPANIC LINK 1/2/06 Column 1

Con el espíritu de la temporada política, en aprecio al autor Charles Dickens, les ofrezco una versión inmigrante del “Cuento de Navidad”.

El representante de los Estados Unidos, Ebenezer Scrooge, con éxito impulsó por la Cámara de Representantes un proyecto de ley pro-reforma del sistema de inmigración mediante “hacer cumplir la ley exclusivamente” a escasos días de la Navidad.

El proyecto, uno entre una docena de provisiones, autorizaría la construcción de una valla doble a lo largo de 700 millas de la frontera entre los EEUU y México; convertiría a los inmigrantes indocumentados en criminales; convocaría la planificación del incremento en la implementación de equipos de vigilancia militares en la frontera, y obligaría a los empleadores a verificar los números de Seguro Social de sus empleados mediante una base de datos y sino, enfrentar penas civiles o criminales por contratar a trabajadores indocumentados.

El proyecto incluso manda que la confección de los uniformes de la patrulla fronteriza se realice en los Estados Unidos, y no en México.

En la Nochebuena, el señor Scrooge llegó a descansar a su casa limpia y a encontrar a sus hijos bien atendidos. La empleada y el jardinero, una pareja indocumentada de Guatemala, y la nana ilegal de El Salvador, decepcionados se habían retirado a sus casas por no haber recibido un bono navideño de su patrón, el Sr. Scrooge.

Durante la noche una voz despertó al Sr. Scrooge. Era Dominic Rossi, el espectro de la inmigración pasada, nacido en Italia. El fantasma lo llevó a los Estados Unidos de 100 años antes. Llegaban personas en grandes números. Vestían ropa harapienta y hablaban lenguas extranjeras. Eran de tez oliva o morena.

“¿Quiénes son estas personas?” preguntó con desdén Scrooge.

“Son tus antepasados”, le respondió Rossi. “Son inmigrantes pobres, sin educación formal, ahuyentados por una pobreza abrumadora y la indiferencia política de sus países natales, y atraídos por la visión de una mejor vida aquí. Yo era uno de ellos”.

El espectró escoltó al Sr. Scrooge por todo el país, en el que vieron a miles de personas que construían la nación, mineros y campesinos, personas de fe que educaban a sus hijos y se hacían ciudadanos estadounidenses.

El señor Scrooge había oído a habitantes estadounidenses de tiempos anteriores desdeñar a los recién llegados y culparlos por las malas épocas. Fue testigo de la deportación forzada de emigrantes mexicanos y también de sus hijos nacidos en los Estados Unidos, por los agentes fronterizos.

Se encogió de la vergüenza que sentía. “No puedo creer que se haya tratado así a los inmigrantes”, dijo.

“Así fue”, le contestó el espectro al despedirse del señor Scrooge.

No transcurrió mucho tiempo antes que el segundo espectro – el de la inmigración actual – apareciera. Se llamaba Juan González, inmigrante mexicano indocumentado, quien llevó al Sr. Scrooge al desierto del sur de Arizona.

Allí el Sr. Scrooge vio a inmigrantes indocumentados muriéndose de la sed. Vio a habitantes estadounidenses con banderas, carteles y fusiles, exigiendo la construcción de un muro y acusando de terroristas y criminales a los que por desesperación cruzan la frontera.

“Pero si no son ni terroristas ni criminales” vociferó con convicción el Sr. Scrooge. “Son personas hambrientas que buscan trabajo”.

“Lo sé”, concordó González, “Yo fui uno de ellos”.

Acto seguido el espectro se esfumó.

Mientras que el Sr. Scrooge se ponía a considerar todo lo que había visto, se le apareció el espectro de la inmigración futura, Haipeng Wu, una mujer de la China que viviría ilegalmente en los Estados Unidos con una visa caducada.

Los dos se deslizaron por la frontera Estados Unidos-México, de 2,000 millas de largo, ahora dividida con una valla de doble ancho que medía doce pies de alto, equiparada de sensores electrónicos y resguardada con soldados. El Sr. Scrooge observaba horrorizado a los soldados disparar cañones de agua contra los que intentaban cruzar la frontera trepándose a las barreras.

Pasando por encima de los litorales, el Sr. Scrooge vio a pequeñas lanchas rebozantes de personas desesperadas queriendo alcanzar la costa. Atisbó a pequeños aviones, cargados de muchos más pasajeros de lo permitido, aterrizándose sobre pistas aéreas clandestinas del interior.

Más al norte, por la frontera Estados Unidos con Canadá, el Sr. Scrooge vio a personas cruzando a pie, algunos casi congelados en lo más crudo del invierno.

“¿Así nos volveremos?” le preguntó a la guía.

“Por desgracia, sí”, replicó el espectro de la inmigración futura.

“Dígame qué puedo hacer por prevenirlo”, le rogó el Sr. Scrooge.

El espectro pensó un minuto, conciente de que el Senado de los Estados Unidos iría a formular su versión del proyecto de ley de reforma del sistema de inmigración tan pronto como en febrero.

“Aprobar un plan comprensivo de inmigración que permita que las personas trabajen aquí legal y humanamente”, respondió. “Convencer al gobierno estadounidense y a las empresas extranjeras a mejorar las condiciones económicas de los países natales de los inmigrantes para que no sientan tal desesperación por irse de su hogar. Y tratar a las personas indocumentadas con la dignidad que todo ser humano se merece”.

“Sí, así lo haré”, prometió el Sr. Scrooge. Y desapareció el tercer espectro.

Cuando despertó por la mañana el Sr. Scrooge era otro hombre con una nueva perspectiva sobre la vida.

A donde fuera el día de la Navidad, al Sr. Scrooge se le oía ofrecer de todo corazón el siguiente deseo: “La buena voluntad y la paz, a todos sobre la Tierra”.

(Ernesto Portillo, Jr. es columnista de The Arizona Daily Star. Comuníquese con él por correo electrónico a: eportillo@azstarnet.com)

© 2006, Hispanic Link News Service
1/2/06
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