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Despues de Tres Meses Reciben
A Adolescente Perdido con Brazos Abiertos

(El presente artículo forma parte de una serie sobre niños hispanos perdidos).

Column No. 4172 HISPANIC LINK 1/2/06 Column 3

Después de estar de fugitivo durante tres meses, el 9 de agosto se le devolvió a José Veloso a su casa en Reston, Virginia, a su abuela, Silvia, y al resto de su familia.

El policía lo dejó en su casa. Lo habían detenido conduciendo a una minimoto robada, llevado a la estación para llenar el informe, y a continuación manejado con él a diferentes casas que decía eran de él, pero en las que sabía que no se encontraría nadie en casa. Después de horas se rindió y les dio la dirección correcta.

Cuando tenía sentada al lado su abuela, llorando, esa noche, le dijo que la había extrañado. Dijo que le era imposible conciliar el sueño algunas noches, pensando en ella y en su medio hermano Chris, de nueve años.

Un par de días más tarde, la familia lo mandó a un viaje de campamento con su tío Mario, con el que habían decidido iría a vivir, en Frederick, Maryland.

Aunque se habían echado mucho de menos, José y Silvia, quien es ciega, no podían vivir juntos todavía. A ella le frustraba el que hubiera fumando marihuana mientras estuviera fuera, y a él no le gustaba que no lo dejara salir con sus amigos, de los que ella no se fiaba.

La última noche que pasó en casa discutieron, frustrándose José y limpiándose las lágrimas en su camiseta. Silvia le dijo que tenía que ser estricta con él después que lo suspendieran de la escuela. “No existe una escuela para aprender a ser padres de familia”, comentó con remordimiento.

Cuando estuvo fugado de casa, José dormía en las casas de tres amigos y sus familias. También pasó dos noches en el jardín trasero de uno de sus anfitriones, al no llegar a la hora establecida, y una noche en un apartamento vacío que encontró por casualidad.

La mayoría de sus amigos del verano que huyó de casa era latina o negra, como la mayoría de los estudiantes de la escuela secundaria South Lakes.

Había pasado los primeros años de su vida en Venezuela y se identifica como latino, lo cual, explica, le causa problemas con los maestros, quienes se arremeten contra él. Querían meter a los estudiantes de color en problemas, y el director de la escuela quería poder expulsarlos, afirma José.

Aunque su abuela pensara que muchos de los amigos de José eran pandilleros, él dice que sólo uno estaba afiliado a una pandilla.

José contó cómo había pasado el verano vagando con los amigos. También tuvo por lo menos un par de “aventuras”, admite.

Cuenta como “encontró” varios billetes de $100 en la guantera de un auto sin llave y que él y tres amigos pasaron dos días en un hotel en Delaware, donde visitaron el parque de diversiones Kings Dominion y donde se fueron de compras en un centro comercial. Gastaron gran parte de su dinero “encontrado” en ropa, indica José.

En septiembre a José lo llevaron a un centro de detenciones para jóvenes, en el que se quedó las tres semanas previas a tener que comparecer ante el juez, el 5 de octubre. Se le halló culpable de robo y le ordenaron durante el año siguiente obedecer una orden judicial de estar en casa apartir de las 8.00 de la noche y repagar los $1,600 que admitió haber robado, lo cual cumple, pagando en plazos.

José está contento viviendo en Frederick. Su tío Mario dice que su estilo de ser padre es de poca disciplina, permitiendo que José entre y salga libremente. Para su cumpleaños el tío le compró un teléfono móvil para que pudieran comunicarse.

José se siente confiado que puede hacerse con la libertad y la responsabilidad que le otorga su tío. “Si vuelvo a meterme en problemas, no voy a tener los privilegios que tengo ahora”, explica.

Tiene dos empleos, lleva cursos extra para recuperar tiempo que perdió, y cumple con la orden de estar en casa a las 8 p.m. Quiere salir bien en la escuela para poder asistir a la universidad y con tiempo trabajar con carros, explica.

Su escuela secundaria ahora es más chica que la anterior, en Reston, y mucho menos diversa en su población estudiantil. No sabe de otro latino en la escuela. Los demás 1,000 estudiantes, a excepción de unos cuantos negros, son blancos. En la casa de Mario, José vive también con su tía Priscilla y tres primos jóvenes.

La abuela de José pasó un sábado reciente en Frederick con la familia de su hijo Mario y con José, y cuenta que le va bien al muchacho. A José le había gustado que los abuelos lo visitaran en el centro de detenciones y la llamó, cuenta Silvia, la semana que no pudieron llegar.

José cuenta que sigue siendo la misma persona que era antes de irse de casa, aunque pesa quince libras menos. Asevera que es un buen chico quien ha hecho algunas cosas malas. Y que está tratando de hacer mejor.

(Jake Rollow es escritor independiente en Washington, D.C. Comuníquese con él por correo electrónico a: jakerollow@yahoo.com)

© 2006, Hispanic Link News Service
1/2/06
FIN

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