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El Hermano Mayor
Pone a Prueba el Sentido de Familia de los Latinos
Marisa Treviño [Photo]
| Column No. 4180 |
HISPANIC LINK |
1/22/06 |
Column 2 |
Cuando quiera que a mi hija le pregunten
cuántos son en nuestra familia, sin vacilar y
con toda seriedad responde, Unos sesenta.
Aunque en nuestra familia inmediata
sólo somos cuatro, sin duda se divierte mi hija
con sorprender a los que no conciben el ver a los parientes
como si fueran de la familia inmediata.
Tal es nuestro sentido de familia
que no hacemos diferencias entre hermanos, primos de
primera o segunda generación, tías o tía
abuelas. De hecho, el español se refiere al primo
hermano.
Hasta los que no comparten un vínculo
sanguíneo se absorben tradicionalmente a la familia,
o por ser los padrinos de nuestros hijos, o por haber
participado en nuestra boda, o por ser personas con
las que tenemos tan fuertes conexiones que toda la familia
les da la bienvenida sin pensarlo dos veces.
Estudios del comportamiento humano
que investigan las familias latinas atribuyen nuestra
puerta abierta constante al hecho que tenemos tal sentido
de responsabilidad a la familia inculcado, que va contra
nuestro carácter no prestarle la mano cuando
cruzan nuestro umbral.
Sea cual fuere, si hay algo que no
ha cambiado durante generaciones de asimilación,
es el que familia no significa necesariamente parentesco
por sangre ni se refiere solamente a los miembros inmediatos
del núcleo familiar.
Se conoce bien nuestro concepto de
familia y la importancia que le damos. Es blanco de
muchos cómicos latinos, así como tema
común que emplean los políticos que buscan
nuestro voto.
Pero en la primera de las que temo
serán muchas más respuestas sin pensar
de ciudades que quieren hacerse los matones con la inmigración
ilegal, se pone a prueba nuestro sentido de familia.
El concejo municipal de Manassas,
Virginia, aprobó una ordenanza distrital en reacción
al número creciente de hispanos que viven entre
sus delimitaciones, quienes comprenden ahora el 15 por
ciento de su población total de 40,000 habitantes.
La ordenanza en pocas palabras redefinió a la
familia, haciendo ilegal el que más de una persona
que no fuera familia inmediata viviera en
una sola casa.
En esencia, si la abuela, el primo,
el tío o la comadre necesitaran albergue, aun
por dificultades económicas o de salud que tuviera,
por ley en Manassas serían desalojados. Al traste
con mi casa es su casa.
Los funcionarios municipales dicen
que adoptaron esta nueva ordenanza para lidiar con inquietudes
comunitarias con el hacinamiento. No obstante,
el vice alcalde, Harry Parrish, dijo públicamente
que la ley también tenía la intención
de reducir la inmigración ilegal. Con la ayuda
de información anónima, una dependencia
municipal contra el hacinamiento ya había entablado
redadas que causaron el desalojo de 400 personas, la
mayoría latinas, en el periodo de un año.
Por fortuna, la protesta contra la
ordenanza aprobada en diciembre fue rápida y
fuerte. Al ser amenazados con juicios de derechos civiles,
los funcionarios municipales la revocaron el 11 de enero.
Lo que asusta todavía es la
verdadera posibilidad que más comunidades se
entreguen al furor creciente en contra de los inmigrantes
y adopten ordenanzas similares, o peores. Ya informa
Amnistía Internacional que otras autoridades
locales hacen cumplir arbitrariamente ordenanzas distritales
con miras a los distritos que tienen habitantes latinos.
Se podría realmente probar
nuestra alianza familiar si estos esfuerzos se multiplican
o si el Senado de los Estados Unidos aprueba una ley
de inmigración similar a la que aprobó
la Cámara de Representantes, con la que los inmigrantes
se convierten en criminales y en criminales se convierten
los que les dan albergue.
Es un augurio de un temeroso futuro
orwelliano para los millones cuyo concepto de familia
trasciende fronteras, sangre y ciudadanía. ¿Ser
responsable a la familia o a la patria? ¿Cómo
hemos de decidir entre el lugar que llamamos nuestro
hogar y las personas que lo hacen hogar para nosotros?
Cada vez que los críticos
justifican su llamado a ser fuertes con los inmigrantes
indocumentados, se refieren a ellos como transgresores
de la ley, de la misma manera en se refieren a violadores
y asesinos en serie. Los que verdaderamente infringen
la ley roban, matan y mutilan, sin respetar la calidad
de vida del otro.
Los que hacen lo que se consideran
nuestras labores más bajas no son amenaza a la
calidad de vida de nadie. Sin embargo nos piden que
suspendamos nuestro criterio y veamos sus acciones como
dignas de la definición de un delito tan espantoso
que merece encarcelamiento a la familia, amigos y vecinos
que osan ayudar al que se considera ilegal, y encarcelamiento
y deportación para los que pecan sólo
de tener una ética laboral sólida.
Si fuera otro momento histórico,
esto se vería como paranoia histérica.
Pero en vez de verlo así, nosotros lo llamamos
responsabilidad cívica y reforma de sistema de
inmigración.
(Marisa Treviño contribuye
columnas a Hispanic Link News Service y es autora del
blog LatinaLista, que se encuentra en http://latinalista.blogspot.com)
© 2006 Hispanic Link News Service
1/22/06
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