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Para los Trabajadores Estadounidenses
de la Frontera, 'Capacitacion Laboral' Implica mas que
Aprender Ingles
Ryan
Hess y Cecilio Morales
| Column No. 4190 |
HISPANIC LINK |
2/12/06 |
Column 1 |
El aprender más inglés
no basta para conseguir un buen trabajo. Al menos así
parece ser la esencia de un arreglo judicial federal
del mes pasado.
El tema trata de la querella de trabajadores
manufactureros de El Paso, Texas en su mayoría
de habla hispana que, aunque hubieran comprobado
que tienen derecho a la Federal Trade Assistance (Asistencia
de Comercio Federal), se les había enviado sin
razón a instrucción básica del
inglés, y no a capacitación en el campo
de trabajo, ni a cursos técnicos bilingües
Si bien fuera un error sin mala intención,
o simplemente un desvío burocrático, el
esfuerzo resultó ser caro. Según auditoría
realizada por el inspector general del Departamento
de Trabajo, se malgastó hasta $106 millones en
esfuerzos que produjeron empleos de cinco y seis dólares
la hora.
El pueblo de río vadeable
de los trabajadores (población 560,000), socio
menor de Ciudad Juárez (población 1.1
millones) justo cruzando la frontera con México,
es cuna desde 1963del sistema binacional maquiladora
que se vale de la mano de obra mexicana para
ensamblar componentes de los Estados Unidos en productos
finales. Los productos, por ende, se pueden marcar Made
in USA, por lo que se producen en plantas gemelas
en EEUU y México.
Grupos defensores tildaron a El Paso
el punto cero del Tratado de Libre Comercio
Norteamericano de 1994, por lo que perdió miles
de trabajos al pacto. Unos 6,472 trabajadores calificaban
para recibir la asistencia apenas en los primeros dos
años del programa. Se puso tan difícil
el mercado laboral que se dice que algunos trabajadores
estadounidenses cruzaron la frontera hacia el sur para
trabajar ilegalmente en México.
Con la ayuda de otros grupos de interés,
la Asociación de Trabajadores Fronterizos demandaron
al Departamento de Trabajo de los Estados Unidos con
dos pleitos relacionados en el 2002 y el 2004. Los pleitos
cuestionaron reglamentación federal que permitía
que agencias estatales y locales ofrecieran cursos de
inglés básico como si fuera capacitación.
La actual ley de comercio (Trade
Act) exige capacitación en el lugar de trabajo
como primera prioridad, y exige que los funcionarios
de programas se establezcan la meta de ayudar a los
trabajadores estadounidenses reemplazar en sus nuevos
puestos como mínimo 80 por ciento del salario
que ganaban en sus empleos anteriores, pero la meta
no figura en la reglamentación.
Funcionarios locales de capacitación
laboral se defendieron de la auditoría, notando
que el ajuste comercial se dirigía originalmente
a trabajadores de fábrica, de mediana edad, clase
media, de habla inglesa del noroeste y el centro del
país. (Los mismos trabajadores sufrieron su propia
debacle económica tras la implementación
de la ley de comercio en 1974, de la cual nunca se han
restituido los salarios promedio, con ajustes para la
inflación). Los funcionarios locales de capacitación
laboral explicaron que la gente a la que servía
en el El Paso era menor, tenía menos educación
formal y menos destrezas.
Los auditores tal vez tuvieran fundamento
para decir que los trabajadores habían alcanzado,
como promedio, el noveno grado, y no sólo el
tercero, como decía la gente local.
No obstante, seguimos hablando de
trabajadores de maquiladoras en El Paso con bastante
menos que un diploma de secundaria, contra los trabajadores
en fábricas de fundición y líneas
de ensamblaje que alimentaban las chimeneas de los estados
de producto industrial, básicamente empleados
con altos ingresos, sindicalizados, muchos con al menos
algunos cursos universitarios.
Al más preocupante es la observación
de parte de los auditores federales que al menos algunos
de los trabajadores de El Paso, cuyos colegas luego
entablarían pleitos, estaban interesados
en las necesidades con relación a la paga, y
no al empleo. La defensa reina del bienestar,
comprobada falsa y ya pasada, no podrá servir
muy bien al gobierno federal.
Hace falta una limpieza de gafas
por todos lados. Por fortuna, las partes acordaron frente
a un juez que el efecto final no era deseable. Con educación
o no, se ha debido impartir las destrezas laborales.
Los trabajadores hispanos,
quienes pierden buenos trabajos a la competencia de
ultramar, acaban muchas veces con puestos con salario
mínimo que hubieran podido conseguir hasta antes
que los contribuyentes a las arcas federales invirtieran
miles de dólares en la llamada capacitación,
indica la Asociación en los archivos judiciales.
El arreglo ahora pide un programa
de capacitación de dos años con un costo
de $6 millones, administrado por la Upper Rio Grande
Workforce Development Board, en El Paso. Además,
la Employment and Training Administration federal debe
emitir ahora nueva orientación que
defina lo que requiere la programación para ser
considerada apta como capacitación para propósitos
de los ajustes comerciales.
Un borrador de la orientación
dice que la educación básica, cuando se
ofrece como un programa independiente, financiado con
fondos federales se permitirá sólo cuando
las evaluaciones muestren que un individuo que ya cuenta
con destrezas laborales cotizadas pero que requiere
de algunos cursos básicos, como inglés,
para conseguir un empleo.
Ahora todos los trabajadores
desplazados tendrán la oportunidad de recibir
capacitación para otros empleos, como era la
intención del Congreso. El gobierno por fin responde
al problema, concluye Michael Kirkpatrick, abogado
para el grupo de interés liberal, Public Citizen,
que obró en apoyo a la demanda de los trabajadores.
(Ryan Hess y Cecilio Morales editan
Employment & Training Reporter en Washington, D.C.
Comuníquese con ellos en: editor@miipublications.com)
© 2006 Hispanic Link News Service
2/12/06
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